Régimen de Maduro arremete a fondo contra las ONGs

Fecha: 16-12-2020 01:02 PM


Por Gregorio Salazar (*)

Una tragedia tras otra, un golpe tras otro, Venezuela vive nuevos momentos de profunda consternación tras el naufragio de una pequeña embarcación en aguas limítrofes con Trinidad-Tobago, suceso en el que perdieron la vida ahogados al menos 21 personas, incluyendo varios niños entre dos y ocho años.

Es otra manifestación desgarradora del holocausto venezolano, esa prolongada crisis humanitaria de enormes proporciones que mantiene en estado de estupefacción al mundo libre, y que ha sido provocada por un grupo político que lleva 21 años en el poder y desembozadamente aspira a retenerlo a perpetuidad.

Dos décadas del llamado “socialismo del siglo XXI” han sido de implantación de políticas económicas irracionales, por decir lo menos, que han destruido el presente de los venezolanos y siguen avanzando peligrosamente a riesgo de cercenar el futuro a las nuevas generaciones. Las acciones que van convirtiendo a Venezuela en un país inviable parecen una obra deliberada.

Todo el quehacer económico nacional en los sectores público y privado agoniza.  En primer lugar, asfixiado por la falta de servicios eficientes como el agua, la electricidad, el gas, diesel y gasolina, las mismas limitaciones que constituyen el viacrucis cotidiano de la población.

A ese cerco se unen la falta de insumos, especialmente los que antes producían PDVSA, la industria petroquímica, del hierro o el aluminio, todas devastadas por “el proceso”, la hiperinflación más alta del mundo, el criminal asedio de los cuerpos uniformados desangrándolos con la matraca o el robo descarado de las mercancías. Un estrangulamiento gradual y, por ahora, sin retorno a la vista.  

El continente latinoamericano ha visto legiones de venezolanos partir de su patria incluso a pie, apenas con un morral de ropas y a veces un bebé a cuesta, atravesar páramos y corrientes de agua, extensas llanuras, parajes de temperaturas heladas que pueden matarlos de hipotermia o, como ha ocurrido ahora, llevarlos a morir por inmersión tras el naufragio en altamar de precarias embarcaciones.

La paradoja más insólita radica en que mientras la cúpula en el poder impide con su modelo que los venezolanos atiendan satisfactoriamente sus necesidades más elementales, al mismo tiempo se dedica a perseguir a aquellas organizaciones no gubernamentales que sin ningún interés lucrativo trabajan para atenuar los padecimientos de la población más pobre.

Hace unos días el blanco fue el joven ingeniero Roberto Patiño, director de la ONG, Mi Convive, que repartía más de 30 mil raciones de comida en 74 comedores instalados a nivel nacional. La casa de sus padres fue allanada.  

 Y el pasado martes 15 allanaron y despojaron de sus archivos y computadoras a la organización Convite, dirigida por Luis Francisco Cabezas, que ha atendido con comida y medicinas a millares de personas de la tercera edad en situación extremadamente vulnerable. El propio Cabezas fue interrogado durante más de dos horas.

Esa misma noche desde VTV, el canal del Estado nunca tan usado de manera tan infame e irresponsable como ahora, uno de los fanáticos cuya actuación vejatoria contra la sociedad lo ha convertido en emblema de la comunicación chavista, arremetió contra Espacio Público, organización de trabajo consistente en defensa del ejercicio del periodismo, la libertad de expresión y el derecho a la información. Lo mismo contra el portal Crónica Uno y su periodista de sucesos Yohana Marra, lo mismo contra las organizaciones gremiales de los periodistas.

Si aparejamos todo lo anterior a las amenazas formuladas por candidatos chavistas a la AN sobre la aprobación futura de leyes para perseguir al presidente interino Juan Guaidó y sus colaboradores, para sancionarlos incluso con la expropiación de sus bienes, debemos concluir que estamos en el inicio en una de las más enloquecidas escaladas represivas de Nicolás Maduro y su cúpula. 

Con los partidos políticos y la AN en trance de reorganización, sólo queda a la sociedad civil cerrar filas en defensa de las organizaciones no gubernamentales y de la democracia en general, antes de que esta y los valores que le son consustanciales sea barrida de la faz de Venezuela. 

(*) Coordinador General de Expresión Libre

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