«Todo tiene su final…»

Fecha: 02-11-2020 04:37 PM


Por Elsy Manzanares F. (*)

¡Ciérralo, apágalo y enciérralo! Es el grito de la dictadura cuando la opinión de la disidencia se impone como una gran mayoría.

No hay opción más que la represión, no hay diálogo más que el encierro, no hay mediación más que la oscuridad y el montaje de delitos que no existen, que nadie los cree, porque son falsos. Los artífices de diseñar cargos buscan la madrugada, la oscuridad, la soledad para amañar. Hablan de conspiración, tráfico de armas y terrorismo como si fuera un efecto espejo por la nitidez del reflejo que encontramos allí. Esos cargos rebotan en cada una de sus miradas, qué desde la complicidad, convierten a un ciudadano decente, en un vulgar terrorista, aunque ante la maldad, vulgares son todos.

Esta semana le tocó a otro colega, esta vez a Roland Carreño, a quien se le imputan delitos a granel, sin fundamentos, con cara dura y sin contemplaciones, es una voz que lanza la dictadura como amenaza a cada uno de los gremios, cada uno de los sectores que componen esta sociedad tienen y han tenido «un representante» acusado de terrorismo, de porte ilícito de armas, de conspiración, en fin, de cualquier cosa que supuestamente atenta contra la estabilidad del régimen, no se han salvado los representantes de la salud, que no basta con arriesgar sus vidas para salvar las de otros, sino que son perseguidos y encarcelados por exigir medicinas y condiciones mínimas para trabajar. Si se trata del gremio de periodistas, es mucho más rápido y evidente, porque es la profesión que encarna la contraloría del Estado, ante tantos hechos propios de la barbarie que vivimos, a pesar de que no podemos negar que la autocensura ha formado parte de la cotidianidad, porque lo que espera a la verdad no es cualquier cosa, es duro, la disidencia paga con torturas, muertes, allanamientos, secuestros y más, pero son muchos los colegas que aún se juegan el pellejo ante el sordo retorno de un gobierno que no le interesa escuchar, es mejor mancillar.

Este es el grito de desesperación por mantenerse en el poder bajo cualquier circunstancia, pero mientras tanto, el ciudadano común sigue comiendo de la basura o simplemente muriendo de hambre, como vimos en días pasados a una pareja de hermanos que murió de hambre en pleno centro de Caracas, a poca distancia de Miraflores, quizás no se enteraron, no solo porque no les importe, sino porque desde esa casa ya no se gobierna. Niños desnutridos, sin escuela y sin las mínimas condiciones sanitarias. Un país sin agua y sin luz, donde la leña ya tiene punto de venta

Ante todas estas circunstancias lo más fácil es levantar el dedo índice y acusar, no importa de qué, lo importante es que sea grave, también que distraiga la atención, mientras tanto, vidas de ciudadanos decentes son confiscadas para lograr sus oscuros objetivos.

Respiro, medito y recuerdo a Héctor Lavoe diciendo que tenemos que recordar que no existe eternidad… «Todo tiene su final»

(*) Miembro de Expresión Libre

 

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