Un grano de arena

Fecha: 25-05-2021 02:57 PM


Por Carlos Roa (*)

Con el estrangulamiento del diario El Nacional, pareciera que el régimen venezolano termina de cerrar el círculo que aplasta a los medios de comunicación independientes de Venezuela.

Un círculo que comenzó con aquel nefasto 27 de mayo de 2007, cuando se apagó la señal de Radio Caracas Televisión y que, en el viacrucis que hemos recorrido hasta el día de hoy, se ha tragado televisoras, emisoras de radio, periódicos y sitios web.

Como los agujeros negros del espacio, esa masa amorfa llamada chavismo no ha hecho sino engullir todo lo bueno, todo lo que nos definía como nación, dejando poca cosa distinta a la devastación tras su paso. Y El universo comunicacional del país no es la excepción.

Antes del más nuevo escándalo confiscatorio de la libertad de prensa venezolana, los medios internacionales habían otorgado titulares al cierre de DirecTV en mayo de 2020 y a la confiscación de equipos de VPI TV en enero de 2021. Y esto, solamente por nombrar dos de los más recientes.

En el pasado año 2020, la Organización No Gubernamental Espacio Público denunció unas 965 violaciones a la libertad de expresión, práctica exacerbada por la llegada al país de la pandemia de COVID-19.

A esto se suma el pésimo servicio de internet en Venezuela. Según un estudio de Speedtest Global Index, portal que mide la velocidad de la Internet, la conexión en Venezuela está en el penúltimo lugar de los 176 países que exploró, con 3,67 Mbps, sólo superada por Turkmenistán, un país de Asia central. ¿Otra perversa práctica de censura?

A la clausura de medios críticos, se une el eclipse de los que han sido complacientes. Quizá como un merecido castigo por parte del público hacia su pérdida de credibilidad; quizá como otra consecuencia más de una economía estrangulada.

Y tampoco hay que olvidar cómo las instituciones gubernamentales han usado su propia pauta de anuncios como premio o castigo al comportamiento de las líneas editoriales, asfixiando a quienes hacían bien su trabajo mientras se premia a los serviles. Pero a estos últimos tampoco los ha salvado el llamado “bozal de arepa”, porque, insistimos, los medios viven de su credibilidad. Y quien la vende al mejor postor, sencillamente la pierde.

El nivel de devastación que ha alcanzado nuestro universo mediático, nos hace pensar si será posible una futura reconstrucción. Pero, ¿a partir de qué, ante un daño tan profundo?

Recordamos entonces “La historia sin fin”, reconocido libro de Michael Ende que logró una afortunada versión cinematográfica en los años 80. En él, una entidad grotesca denominada “la nada”, engulle prácticamente en su totalidad al hermoso reino de Fantasía.

Y lo hace a tal punto, que solamente queda del mismo un diminuto grano de arena. Era como para perder totalmente las esperanzas, y los personajes protagónicos las pierden.

Pero como un milagro y a última hora, ese grano es suficiente para que Fantasía renazca con el mismo esplendor de antes. Y tenemos nuestro final feliz.

¿Dónde está el grano de arena de los medios venezolanos, triturados casi totalmente?

En los conocimientos de sus mejores trabajadores, unos luchando en un país minado de limitaciones, otros llenándose de experiencia en el exilio. En nuevas generaciones que siguen estudiando la carrera con apego a sus principios orgánicos y que no se dejan colonizar la mente ni el alma. En un bagaje cultural y espiritual que no desaparece y que está ahí para echarle mano cuando sea el momento.

Que no importe que seamos reducidos a un grano de arena. Ese grano es suficiente para renacer con toda la luz y sepultar el horror de hoy.

(*) Miembro de Expresión Libre

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