Venezuela y Las Leyes del Caos Social

Fecha: 09-03-2009 11:30 PM


Andrés Simón Moreno (*) 1º.-  El ‘momentum’ político venezolano

 

En Venezuela, igual que en resto del planeta, se aproxima una crisis de percepción. La complejidad del mundo nos ha conducido a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla cognoscible y, tristemente, a caer en la trampa de la dualidad. Bien y mal; objetivo y subjetivo; arriba y abajo; revolucionario o escuálido.  Pero la tendencia a ordenarlo todo choca con la misma realidad, irregular y discontinuo. Muchos científicos sociales ya han renunciado a la ilusión del orden para dedicarse al estudio del caos, que acepta al mundo tal y como es: una imprevisible totalidad.

Un ligero vistazo a nuestro momentum social advierte de la tendencia general al desorden: una piedra rompe un vidrio;  el agua de un vaso se derrama... nunca ocurre al revés. Pero, contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión porque los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad. Si tiramos una piedra a un río, su cauce no se ve afectado; no sucedería lo mismo si el río fuera un sistema ordenado como el de una torreta de productos en la esquina de una góndola de un Supermercado, en el que cada parte tiene una estructura interdependiente y una trayectoria fija; el orden se derrumbará inexorablemente.

Las leyes del caos ofrecen una explicación para la mayoría de los fenómenos naturales, desde el origen del Universo a la propagación de un incendio o a la evolución de una especie. Sinembargo, también arrojan luces esclarecedoras sobre los fenómenos sociales aparentemente inexplicables. En el estudio del comportamiento humano y del consecuencial ‘orden social’, el problema parte del concepto clásico de ciencia social, que exige la capacidad para predecir de forma certera y precisa la evolución de las estructuras y hasta del comportamiento masivo en un conglomerado, desde las más elementales agrupaciones humanas como la familia y el dintorno social, hasta las más etéreas pero complejas organizaciones sociales como las vecinales, las municipales, el país y el Estado.

El primer paso hacia la Teoría del Caos Social  viene de la mano de Poincaré, cuando  introdujo el fantasma de la no linealidad, pues origen y resultado divergen y las fórmulas no sirven para resolver el sistema. Este devastador fenómeno se asemeja al acople del sonido cuando un micrófono y su altavoz se encuentran próximos: el sonido que emite el amplificador vuelve al micrófono y se oye un pitido desagradable. Los procesos de realimentación se corresponden en física con las ecuaciones iterativas, donde el resultado del proceso es utilizado nuevamente como punto de partida para el mismo proceso. De esta forma se constituyen los sistemas no lineales, que abarcan el 90% de los objetos existentes. En el comportamiento social de los conglomerados venezolanos  estamos presenciando fenómenos caóticos similares: el proceso de retroalimentación política, que en las sociedades ‘ordenadas’ funciona como un feed-back desde las estructuras sociales hacia la dirigencia política, se transforma en una ecuación iterativa inversa, donde los conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo. Proceso e inicio se confunden provocando un caos social, que como veremos más adelante, no es más que la manifestación de un ‘orden bizarro’ que sólo puede ser comprendido desde la Teoría del Caos y sus siete Leyes fundamentales.

El segundo paso hacia la Teoría del Caos lo dio en 1960, el meteorólogo Edward Lorenz. Entusiasta del tiempo, se dedicaba a estudiar las leyes atmosféricas y realizar simulaciones a partir de sus parámetros más elementales. Cierta vez, para estudiar con más detenimiento una sucesión de datos, copió los números de la impresión anterior y los introdujo en la calculadora. El resultado le conmocionó. Su tiempo, a escasa distancia del punto de partida, divergía algo del obtenido con anterioridad, pero al cabo de pocos meses las pautas perdían la semejanza por completo. Lorenz examinó sus números y descubrió que el problema se hallaba en los decimales; el ordenador guardaba seis, pero para ahorrar espacio él sólo introdujo tres, convencido de que el resultado apenas se resentiría. Esta inocente actuación fijó el final de los pronósticos a largo plazo y puso de manifiesto la extremada sensibilidad de los sistemas no lineales: el llamado "efecto mariposa" o "dependencia sensible de las condiciones iniciales". Se trata de la influencia que la más mínima perturbación en el estado inicial del sistema puede tener sobre el resultado final o, como recoge el escritor James Gleick, "si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene".

Los científicos J. Briggs y F. D. Peat aplican esta idea al ciclo vital humano: "Nuestro envejecimiento se puede abordar como un proceso donde la iteración constante de nuestras células al fin introduce un plegamiento y una divergencia que altera nuestras condiciones iniciales y lentamente nos desintegra".  El carácter no lineal e iterativo de los sistemas de la naturaleza permite que instrucciones muy sencillas originen estructuras extremadamente complejas. La física de la complejidad busca reglas simples que expliquen estos organismos complejos. "La mayor parte de la materia –señala el astrofísico Ignacio García de la Rosa – “se encuentra en los estadios inferiores y no forma elementos más desarrollados, de modo que la pirámide va cerrándose; nosotros somos una minoría en comparación con todo el material que hay en el Universo. La pirámide va de la abundancia de lo sencillo a la complejidad de lo escaso".

Este concepto guarda relación con el de lenguaje, que parte de las letras y pasa por las palabras, frases, párrafos, capítulos, libros, etc, con la peculiaridad de que las letras no tienen nada que ver con las palabras ni éstas con el contenido o la intencionalidad de la oración. Del mismo modo que la "z" no está emparentada con el concepto de "azul", las moléculas que dan origen a una cebra no determinan su constitución. Las estructuras complejas tienen propiedades ajenas a los ingredientes anteriores, pues son más que la suma de sus partes, lo que plantea un problema para las ciencias sociales, que pierden su anteriormente escasa capacidad de predicción.

En la física clásica se presupone que los objetos son independientes de la escala que se emplee para medirlos y que existe la posibilidad de relacionarlos con su medida exacta. No así en la geometría fractal y la lógica borrosa, instrumentos empleados por los científicos sociales  que estudian y aplican las leyes del caos para ofrecer explicaciones a los comportamientos humanos aparentemente fuera de la lógica social. . Bart Kosko, autor de la llamada Lógica Borrosa, afirma de modo tajante que "cuanto más de cerca se mira un problema en el mundo real, tanto más borrosa se vuelve su solución". Pero si la precisión difumina aún más el objeto de estudio, ¿Cuál estrategia debe emplearse para estudiar los sistemas sociales más complejos? Aquí interviene la Teoría de la Totalidad, que concibe al mundo social como un todo orgánico, fluido e interconectado. Si algo falla no debe buscarse la "parte dañada", como en el caso de un televisor o una lavadora, sino que hay que revisar el sistema completo, pues se trata de una unidad indisoluble.

La obsesión por interpretar el caos desde el punto de vista del orden debe dejar paso a una interpretación global, que salva las fronteras de las diferentes disciplinas y acepta la paradoja que convierte lo simple y lo complejo, el orden y el caos, en elementos inseparables. De hecho, lo más complejo que ha concebido el hombre, el fractal de Mandelbrot, se creó a partir de una ecuación iterativa muy simple. Por iteración conceptual podemos inferir que el caos social no es más que una inagotable fuente de creatividad organizacional, de la que puede también surgir el orden. Muy posiblemente ‘otro’ orden, bizarro e inexplicable pero útil y necesario, al cual llamamos por indexación, ‘caos social’.

 

2º.-  La Ley del Vórtice y ‘El Caracazo’
 

Decíamos que en Venezuela, igual que en resto del planeta, se aproxima una crisis de percepción. La complejidad del mundo nos ha conducido a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla cognoscible y, tristemente, a caer en la trampa de la dualidad. Bien y mal; objetivo y subjetivo; arriba y abajo; revolucionario o escuálido.  Pero la tendencia a ordenarlo todo choca con la misma realidad, irregular y discontinua. Afirmamos entonces que en nuestro momentum social se advierte la tendencia general al desorden pero contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión porque los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad.

Sostuvimos en esa primera parte que las Leyes del Caos ofrecen luces esclarecedoras sobre los fenómenos sociales aparentemente inexplicables que estamos viviendo en Venezuela pues en el comportamiento social de los conglomerados venezolanos  estamos presenciando fenómenos caóticos: el proceso de retroalimentación política, que en las sociedades ‘ordenadas’ funciona como un feed-back desde las estructuras sociales hacia la dirigencia política, se transforma en una ecuación iterativa inversa, donde los conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo. La Ley del Vórtice puede disipar unas cuantas incongruencias aparentes que se manifiestan en el ambiente sociopolítico de Venezuela.

Pero, ¿Cómo se interrelacionan La Ley del Vórtice y ‘El Caracazo’, ocurrido en 1989? ¿Puede la primera Ley del Caos explicar lo sucedido? ¿Podrá ayudarnos a predecir una conducta social similar a futuro? Veamos:

La Ley del Vórtice se refiere a los múltiples procesos auto organizados que conforman la naturaleza, por ejemplo: un río, agua hirviendo, una bandada de pájaros volando, nuestro cerebro, el torrente sanguíneo...Estos “fenómenos” se pueden interpretar como el caos de la creatividad de la naturaleza en tanto cada elemento necesita mantener su propio espacio y simultáneamente  cooperar con la totalidad en una permanente atracción y repulsión que regula y amplifica los efectos (retroalimantación positiva y negativa)  provocando un equilibrio entre el caos y el orden.

Esta ley también es conocida como efecto alfombra y de acuerdo a ella, dadas ciertas condiciones, el caos se auto organiza y produce patrones ordenados. Surgen formas estructuradas a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se crea un rizo de retroalimentación y el sistema se transforma a sí mismo. Dentro de la retroalimentación se distingue la retroalimentación negativa, la cual delimita y regula la actividad dentro de un determinado rango, y la retroalimentación positiva, que amplifica los efectos. Los rizos de retroalimentación negativa y positiva se acoplan, se crea un punto de bifurcación y surge una forma organizada, en este caso, un levantamiento popular. Las formas organizacionales sociales resultantes permanecen estables “en la medida en que las condiciones en que fueron creados se mantienen dentro de ciertos límites” (Briggs & Peat, 1999:23). Es importante destacar que las formas organizadas que surgen del caos sobreviven únicamente si se mantienen abiertas al flujo constante de materia y energía. De hecho, como el vórtice de un río, se componen del mismo material que su entorno.

 

Ahora bien, un sistema social se compone de diferentes áreas de actividades, instancias o regiones, las cuales deben ser organizadas de manera estable. Todas estas áreas forman una sola unidad y no son sino aspectos diferentes de un solo sistema. De este modo, el sistema social se mantiene estable cuando tiene reguladas todas estas áreas a su interior y entre sí de manera congruente y coherente, o dicho con otras palabras: de manera armónica.

Pero todos los sistemas sociales se desestabilizan, y al hacerlo entran en una fase caótica. ¿Por qué acontece esto? Porque se cumple el Principio de la Turbulencia de la Ley del Vórtice, el cual asegura que las organizaciones sociales requieren para su desarrollo la ambigüedad de saber y no saber, de lo inadecuado, de la incertidumbre, de la alegría, del horror, de la aceptación de los rasgos metamórficos y no lineales de la realidad, es decir todas las facetas del caos creativo.

La estabilidad general de un sistema social está dada por la relación entre orden-desorden, organización-caos y específicamente por la dialéctica información-entropía. La información va a indicar el grado de orden del sistema en tanto que la entropía es la medida del desorden, su grado de desequilibrio, su nivel de inestabilidad e inseguridad. La entropía es un proceso permanente y en constante aumento, por la naturaleza misma de la resistencia que los individuos que integran el colectivo aplican a las estructuras sociales que los contienen. ¿De dónde viene aquello?

En los sistemas sociales la entropía viene tanto de la dinámica interna del sistema como del medio exterior. Pero hemos dicho que la dinámica interna de los sistemas sociales acumula entropía. Esto es así por el hecho que la estabilidad de un sistema está enmarcada en límites circunscritos; traspasados estos, el sistema se desestabiliza. De manera que al aumentar la entropía al interior del sistema, llega a un momento que atraviesa un umbral, que más allá, el sistema se vuelve ineficaz. Los mecanismos de regulación del sistema social, que también son denominados mecanismos reductores de la entropía, implican la coherencia entre las áreas económicas, psico-sociales, político-estatales y paradigmático-culturales, además de demográficas y ecológicas.

El Caracazo: ¿del Caos social a la entropía revolucionaria?

Todo proceso social recorre un ciclo más bien caótico, que en algunas sociedades se manifiesta en forma de yuxtaposición y en otras de sucesión, pero en ambas abarca cuatro momentos, los cuales se enfocan en mantener bajo su control los procesos entropizadores, tanto hacia el interior como al exterior del sistema.  Para percibir a ‘El Caracazo’ en su justa dimensión sociopolítica es imprescindible observar la manifestación de la Ley del Vórtice en todos los ‘momentos entropizadores’ o fases del proceso de auto organización del caos:

1.- La primera fase de la auto organización de las sociedades es la llamada Controlentrópica integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía. Cuando los sistemas sociales son estables se organiza la cohesión psico-social de una población en una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva que explica la necesidad del tipo de organización económica que sustenta la materialidad del sistema y permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones lo permitan. Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía, el sistema se encuentra en la fase Controlentrópica, y se abre el crecimiento del sistema en su conjunto; impulsa un crecimiento económico lo que permite la satisfacción de las necesidades de las élites así como de la población, estabilizando y fortaleciendo de tal manera el inconsciente colectivo, llamado también carácter social y, permitiendo un crecimiento demográfico, aumentando la población joven. Lo que genera entradas de financiación fiscal al Estado, que potencian su expansión para satisfacer el crecimiento demográfico de las clases dominantes, dándoles trabajo al interior del Estado, lo que conlleva a la consolidación y el fortalecimiento de la institucionalidad y la narrativa discursiva que justifica y legitima toda la organización social.

La estructura social de venezolana fue ‘Controlentrópica’ desde 1958 hasta los dos primeros años de la Presidencia de Jaime Lusinchi, lapso durante el cual los periodos de crecimiento, fueron procesos de fortalecimiento político y social. Estos procesos de fortalecimiento son lo que se conocen como la retroalimentación positiva, para diferenciarlos de la retroalimentación negativa o regulativa.

2.- La segunda fase, la Fase Entrópica, es económicamente hablando, de recesión larga, debido al decrecimiento agrícola y por otro, por la caída de la cuota media de ganancia en las sociedades capitalistas. La subsistencia de la población productora y  de las elites dominantes ven bloqueadas sus posibilidades de acceso al Estado, el cual ve restringido los impuestos, situación que provoca déficit fiscales, que acompañados por las altas presiones demográficas de las elites jóvenes y de las insatisfacciones poblacionales, generan una importante crisis políticas del estado.

El paradigma cultural del ‘estado-nación’ establecida pierde eficacia orientadora en el conjunto social y el mecanismo de control psico-social se vuelve incongruente, entre lo que se cree y siente. La realidad percibida en el inconsciente colectivo comienza a fracturar la relación-sentimiento entre la fe en el proyecto político y la ineficacia que muestra la narrativa dominante para justificarse. La población se torna ambivalente. Las presiones demográficas, la crisis fiscal, la división de las elites jóvenes insatisfechas, la angustia inflacionaria y las presiones tributarias en el pueblo que generan la aguda ambivalencia psico-social, son los índices característicos que muestran que los mecanismos reductores de la entropía se vuelven ineficaces, conduciendo con ello a que una entropía global del sistema aumente aún más.

La entropización global es el periodo que vive la sociedad venezolana a partir del mandato de Luis Herrera Campins, una entropía política y social que está sincronizada con dos fenómenos: El desmoronamiento de la institucionalidad y el crack económico producido por el Viernes Negro, cuando se decreta un control de cambios y la estabilidad económica del país comienza un oscuro periplo que aún se transita en estos tiempos de la Quinta República y la Revolución Bolivariana.

3.- La tercera etapa es la llamada Fase Caótica. El espacio psico-social comienza a entrar en la denominada sobrecarga depresiva. Las anomalías paradigmáticas se trasladan al centro del sistema, aunque cierta gente sigue fiel al paradigma cultural, pero sus emociones le están mostrando sus profundas anomalías. El sistema ya no funciona. El paradigma cultural está mintiendo. Este periodo psico-social es como una recta ascendente que se aleja hacia el infinito, la cual llegado a un momento, atraviesa un umbral y traspasa un punto de no retorno, a partir del cual la población manifiesta abiertamente su rechazo.

La población comienza a reunirse espontáneamente, y los que ya están en un estado de exaltación, reconocen su afinidad y empiezan a formar grupos y unos y otros comienzan a protestar y rebelarse. Se renueva el antiguo paradigma o se comienza a elaborar uno nuevo, formándose así múltiples grupos, abriéndose así una fase caótica del sistema, caracterizado este periodo con una serie de rebeliones, insurrecciones y movimientos de todo tipo, (religiosos, políticos, sindicales, culturales, étnicos, etc.), al comienzo en la zonas, áreas y regiones periféricas del sistema, allí donde los mecanismos de control son aún más débiles. El sistema dominante comienza a perder respaldo público y seguidores, la gente comienza a desobedecer, el control comunicativo se rompe, se está en la fase de entropía comunicativa o caótica, surge ‘El Caracazo’ como entropía comunicativa y nuevas formas de solidaridad social comenzaron a auto-organizarse.

Surgió a partir de allí un nuevo paradigma poderoso: la desobediencia civil y comienza a encausarse en una nueva realidad. Este periodo de caos es una fase de la inestabilidad caracterizada por amplias fluctuaciones de todo tipo, que se traducen en posibilidades de cambio social, lo que en la Teoría del Caos se conocen como bifurcaciones. En la fase caótica o de entropía comunicativa, de fluctuaciones y bifurcaciones, surge espontáneamente la auto-organización del sistema, a través, de una figura, que en la Teoría del Caos se conoce como atractor extraño o atractor caótico.

Chávez encarnó el papel de ‘atractor extraño’ en un momento de nuestra historia. Chávez fue como una figura geométrica compuesta por varias cuencas de atracción, por las cuales orbitan y circulan los elementos considerados, en nuestro caso, como movimientos sociales.  Los diferentes sistemas, que cada uno se desarrollaban por su cuenta, comienzan a encontrarse y a reconocer afinidades, a reconocer que se encuentran en una experiencia fundamental, que es la vivencia de un estado mental colectivo exaltado y entusiasta, lleno de sentido la cual los activa en su movimiento social. Con todo, los diferentes movimientos se reconocen entre sí y comienza un periodo de alianzas, allí donde multitud de activistas transitan de organización en organización o crean nuevas hasta sentirse identificados.

Otra manifestación de las orbitaciones se da cuando los movimientos que surgen a propósito del caos social comienzan a justificarse, buscando precedentes en la historia: Héroes, episodios o ideologías con las cuales identificar el proyecto político mientras genera una amalgama conceptual-sentimental con el dintorno social. Llevado esto a la matemática cuántica, se trata de orbitaciones en el espacio semiótico, allí donde el pasado y el presente está siempre presente, por lo cual es fácilmente atraíble al nuevo atractor.

La caotización de la formación global genera las inestabilidades, o más bien el comienzo del derrumbe de los Estados y, aquí solo estamos hablando del primer periodo, cuando el estado aún está en pié. Al jurar sobre ‘La Moribunda’ y emplazar al país hacia la Quinta República, Chávez no hizo otra cosa que ratificar el destino que le tenía preparado el Principio de la Turbulencia de la Ley del Vórtice.

4.- La cuarta etapa, o Fase Negentrópica es la del Estado naciente visto como una reorganización de todo el campo de la solidaridad o de la cohesión del sistema. Es una auto-organización del sistema. Si las condiciones son las propicias para la reorganización global del sistema, se está frente a un proceso de revolución cultural, lo cual implica una reordenación del campo social, político, económico y paradigmático e incluso ecológico. Es lo que se conoce como la fase negentrópica del sistema y que es el momento cuando Chávez se vuelve dominante o está en el centro del sistema. Es un periodo de creación ilimitada de las fantasías, donde se multiplican las bifurcaciones, generando una atmósfera de entusiasmo; se está, entonces, frente a una nueva realidad sociopolítica.

El lugar estructural donde se desenvuelve el estado naciente es la instancia psico-social, el inconsciente colectivo, el de las pasiones motores de la activación de los grupos, del cohesionador psíquico del sistema. Esta instancia es captada por el liderazgo insurgente de Chávez como un campo propicio para la solidaridad popular espontánea, un espacio dinámico organizador de energías e información, con una gran capacidad de cohesión de los grupos humanos.

La Quinta República venezolana, se auto organiza en atractores locales de ciclo límite. Atractores que justamente conquistan la plusvalía psíquica de la población y que retroalimenta al atractor principal (Chávez), produciéndose centros y periferias de dominio y control. De acuerdo con los postulados modernos de la psicología social, esta plusvalía psíquica tiene un fundamento neurofisiológico, ubicados en neurotransmisores cerebrales que generan la satisfacción; la endorfina, la excitación; la dopamina y la unión de oxitosina y vasopresina. “Esta plusvalía psíquica satisfactoria y unificadora”  - sostiene el renombrado psicólogo brasileño Aroldo Rodrígues  – “se traduce semióticamente en la fe que la población deposita o reviste a los líderes de ciclo límite o lo que es lo mismo, dota a la institucionalidad de la autoridad, de legitimidad. “

¿Cuáles son las características de ‘estado naciente’ que justificaron y personalizaron a Chávez como fenómeno político-social y a la Quinta República como consecuente ideológico? El estado naciente posee tres estructuras: Una psíquica subjetiva que se origina en los individuos. Otra social que nace en las colectividades y una tercera, de corte ideológico, que se sustenta en las narrativas discursivas. Estas tres estructuras están firmemente unidas como las caras de una misma estructura geométrica.

A nivel psíquico es la vivencia de una experiencia fundamental que lo diferencia de la vivencia de la vida cotidiana, estando caracterizada por una serie de vivencias emotivas tales como; el sentimiento de liberación de las opresiones de la vida cotidiana; una vivencia de metanoia, es decir, de transformación mental interior, lo comúnmente conocido como la experiencia ahá o intuición profunda; un sentimiento de unión entre la contingencia, lo pasajero y furtivo de la experiencia cotidiana y la necesidad del cambio, traducido en que el cambio social es realizable ahora y aquí. Una fuerte emotividad hacia la comunidad, el comunismo y la igualdad, aboliendo la propiedad privada, predominando la colectividad e igualdad de todos sus miembros, no reconociéndose los jefes, sino que ahora todos son solo compañeros. Una toma de consciencia de la historia o historización, lo cual implica que la verdadera historia comienza ahora y todo lo anterior no es sino prehistoria, abriendo así intensos debates teóricos, ideológicos, doctrinarios, etc. El sentimiento de la identificación del grupo propio como un ente contrapuesto y cualitativamente diferente al sistema exterior, el cual es reconocido como el enemigo a combatir.

A nivel social o colectivo implica la formación de grupos a través del mecanismo del reconocimiento de las afinidades, es decir, que la gente que ya se encuentra en esta experiencia fundamental se reconoce entre sí por, justamente, este estado mental y comienza la formación de grupos. Pronto surge la diferenciación, que no es reconocida sino que negada por el principio de la igualdad, del liderazgo, o colectivo o individual del gran líder carismático, lo que a posterior va a dar pié al despotismo al interior del grupo, a través de los mecanismos de la exclusividad, se exige el exclusivo amor al líder y cualquier otra expresión es considerada una traición. Al mismo tiempo se crean los mecanismos de la unión simbólica del grupo que vive el estado naciente, a través de una serie de ritos, ceremonias y procedimientos.

A nivel ideológico el proceso de historización genera una discusión intensa de los fundamentos filosóficos, ideológicos, políticos, doctrinarios, etc., en los cuales comienzan a apoyarse y, que en forma progresiva tienden a la elaboración de cuerpos ideológicos cada vez más formales, los cuales dan pié al programa cultural-político del grupo en cuestión para la transformación social.

Se cierra el ciclo con un proceso de institucionalización o la vuelta a la fase controlentrópica. El sistema dominante es obligado a definirse, a delimitar su carácter y los objetivos, que son los mecanismos por los cuales los Estados intentan controlar a los movimientos opositores o insurgentes. Los mecanismos son dialécticamente dos:

1.- Neutralización a través de la designación de nuevos participantes a la Asamblea por los miembros que la integran, a través de pactos y alianzas. 2.- Exclusión, tildándolos de fanáticos o terroristas de manera de tener legitimidad al reprimirlos.

La reversión del ciclo es el periodo de fortalecimiento de los Estados, a todos los niveles, además de los económicos, de una gran fortaleza ideológica de ellos, los cuales capitalizan la reorganización del campo de la solidaridad en estabilizar los Estados. Es así como se estabilizan los nuevos Estados-Naciones y los pueblos reviven el estado naciente a través de las uniones simbólicas, tales como las banderas y las canciones nacionales que inflaman el orgullo patrio. Ese es el papel de los himnos, los símbolos y los íconos revolucionarios, que van de la mano con la conversión en héroes de los fundadores nacionales llamándolos Padres de la Patria, tales como San Martín, Simón Bolívar o Bernardo O´higgins. Los Estados se reglamentan a través de novísimas Constituciones Jurídicas, y las sociedades experimentan la traslación del ‘estado nuevo’ hacia un ‘estado institucionalizado.

Pero el caos continúa allí. Solapado. Latente. Intestino. A veinte años de ‘El Caracazo’ un nuevo vórtice se desarrolla secretamente como una forma estructurada a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se creará un nuevo rizo de retroalimentación y el sistema se transformará a sí mismo. Las formas organizacionales sociales resultantes permanecerán estables, como afirman Briggs y Peat “en la medida en que las condiciones en que fueron creados se mantengan dentro de ciertos límites”.

 

3º.-La Ley de la Influencia Sutil
¿Nuevo paradigma político-social en Venezuela?

 

Manifestamos en el capítulo precedente que todo proceso social recorre un ciclo más bien caótico, que en algunas sociedades se manifiesta en forma de yuxtaposición y en otras de sucesión, pero en ambas abarca cuatro momentos, los cuales se enfocan en mantener bajo su control los procesos entropizadores, tanto hacia el interior como al exterior del sistema. Identificamos esos cuatro momentos en fases que se subsumen unas a otras y que encadenan los movimientos sociales como el flujo y el reflujo de las mareas oceánicas: Fase Controlentrópica, Fase Entrópica, Fase Caótica y Fase Negentrópica.

La segunda Ley del Caos Social, la Ley de la Influencia Sutil, llamada también ‘el efecto mariposa’  y de la que hicimos mención al comienzo de este trabajo, se puede traducir al terreno de lo social cuando vemos que en la sociedad venezolana, de marcada orientación unipolar, se fundamenta en el principio de imposibilidad de control y de su poder de predicción de todo. Este principio es de imposibilidad porque como hemos venido subrayando, la Teoría del Caos nos enseña que la mayoría de los sistemas auto regulados (como lo son la mayoría de los sistemas sociales modernos occidentales) están ligados a innumerables cambios sutiles, la mayoría de ellos imperceptibles porque son como pequeñas mariposas de muchas variedades sutiles y de infinitos colores. Así, tanto en la naturaleza como en la sociedad, la vida en sus múltiples formas está gobernada por la Ley de la Influencia Sutil.  

En este contexto, las organizaciones opositoras al status quo establecido en Venezuela necesitan comprometer su creatividad con otros modelos explicativos, modelos en los que se  asuma la trascendente importancia de la influencia de lo sutil en el devenir de lo político y lo social. Al asumir este nuevo paradigma se puede analizar críticamente a la sociedad contemporánea venezolana,  a través del efecto mariposa y la influencia que pueden ejercer los individuos y las sociedades para la trasformación de aquello que atenta contra la vida, y aunque de acuerdo con los postulados de esta Ley no se pueden conocer de antemano todos los resultados de la inflexión social a largo plazo, tampoco se pueden desdeñar las mínimas y aparentemente pequeñas proposiciones sociales, que sin duda alguna tendrán un efecto determinante a corto, mediano o largo plazo. El presupuesto axiomático mostrado por la segunda Ley de la Teoría del Caos es que cualquier contexto social puede cambiar, y de hecho cambiará.   

 

Esta ley señala que en un sistema caótico, “todo está conectado a todo lo demás, mediante la retroalimentación positiva y negativa” (Briggs & Peat, 1999:46). Con esta ley, las palabras “poder” e “influencia” cambian de significado, ya que los sistemas caóticos no pueden controlarse de forma exclusiva y su comportamiento no se puede predecir: jamás se puede estar seguro de la contribución individual de cada elemento del sistema, ni cómo ni cuándo tendrá efecto. Sin embargo, aunque nadie posee un control total, cualquier elemento del sistema puede ejercer su influencia sutil y de esta manera convertirse en un transgresor. Este poder positivo, aplicado a los fenómenos sociales, implica “el reconocimiento de que cada individuo es un aspecto indivisible del todo” y que “cada momento caótico del presente es un espejo del caos del futuro” (Briggs & Peat, 1999:57). Por eso la segunda Ley del Caos, la Ley de la Influencia Sutil,  permite que suceda lo imposible, ya que cada elemento del sistema influye delicadamente pero de manera definitiva, en la dirección del resto de los elementos del sistema.

 

¿Será éste el paradigma ideal para provocar, desde el contexto social venezolano, un nuevo inicio a la Ley del Vórtice y con ello el desplazamiento de la actual Fase entrópica hacia una Fase Caótica, a partir de la cual el espacio psico-social comience a entrar en la denominada sobrecarga depresiva?

Desde el origen de las sociedades humanas, los individuos hemos sentido la imperiosa necesidad de influir con las ideas y razonamientos en los demás; de estar en contacto con los otros para modelar el curso de los acontecimientos desde la óptica de quien ejerce la influencia de manera impactante. Sin embargo, en las sociedades occidentales esto es cada vez más difícil porque el poder, representado históricamente por el  dinero,  los bienes materiales, el sexo, y las religiones desplazan los valores espirituales y humanistas. El poder da “seguridad” a las personas.  Este es el síntoma de nuestro propio sentido de impotencia.  Rompiendo este esquema, la segunda Ley del Caos asegura que el poder para controlar, en el sentido tradicional, no sólo es una falacia conceptual sino que en la realidad de los hechos sociales, todos poseemos sobre ese poder, una influencia sutil pero determinante.

Al relacionar esta ley con los procesos humanos de interacción, se sientan las bases para un nuevo modelo paradigmático, un nuevo patrón epistemológico con el que podemos reconocer lo importante de influir sutilmente en los otros, en relación con su aprendizaje social, a través de la sutileza del lenguaje. De persuadir al otro de lo importante de su participación en la construcción de un nuevo modelo social, que involucra su mente y  su espíritu, a través de un proceso educativo social que toma en cuenta su entorno, a partir de la estructura familiar y sus valores, el dintorno próximo de los maestros en la sociedad y de la importancia de asimilar  estas experiencias en las que interactúa para generar los cambios sociales que necesita y desea. En resumidas cuentas, un modelo de libertad que fomenta el albedrío social y que conjuga los intereses individuales en la esperanza de un beneficio colectivo, basado en sólidos valores éticos, libremente aceptados y de compromiso social mutuo.

Los enfoques interdisciplinarios y/o transdisciplinarios parecen adecuarse cada vez mejor a los complejos cuestionamientos e instrumentalizaciones que van apareciendo poco a poco en el recorrido de los caminos de la sociedad que nos conducirán a la conquista inexorable de la libertad. Las teorías de la auto organización nos dicen que el átomo, la célula y el resto de las cosas que no conocen, ni necesitan conocer se organizan “por sí mismas”. La evolución es, en consecuencia, un proceso dirigido por la auto organización. Pero, además, la auto organización, que Kant caracteriza como lo propio de los seres vivientes, no proporciona una comprensión de la generación ni un conocimiento genuino sobre las organizaciones sociales, sino tan sólo un “principio de juicio”, una idea regulativa del limitado entendimiento humano.

Por esta razón, la dinámica de la vida social tiene una serie de procesos mutagénicos, que han hecho que tenga una direccionalidad, que pone en riesgo la vida por la negación de la misma. Sólo basta con mirar la empresa, la calle, la escuela, el hospital, entre otros. Por tanto, lo verde, el trabajo, la técnica, la ciencia, la política, la religión, en fin, toda la cotidianidad, tiene que entrar en consonancia, para construir unas miradas que procuren sentidos diferentes de lo humano y por ende de la vida.

 

4º.-La Ley de la Creatividad y la Renovación Colectiva

Activación del nuevo paradigma político-social.

 

 

La tercera Ley del Caos, aplicada a lo social, se refiere a la capacidad que tiene el ser humano de trabajar y participar “espontáneamente” en la resolución de situaciones o problemas de la comunidad.  Esto se logra en sistemas abiertos, no lineales, creativos y caóticos, en los que, como en la Internet, no se requiere  que alguien tenga el poder de decidir por los demás, sino de un sistema social exento de control central pero con altísimas  dosis de creatividad colectiva para que dentro de ese caos, sucedan cosas ordenadas y productivas, que son más que la suma de partes mecánicas que aportó cada quien, pues se trata de formas adaptables y resistentes del colectivo.

Esta ley nos conecta, desde la perspectiva del caos con toda la actividad en la sociedad, y nos percatamos de que toda esa acción en la naturaleza es colectiva; en el caos, los individuos son parte indivisible del todo. El caos ofrece muchas sugerencias sobre las formas curiosas y paradójicas de relacionarse las personas entre sí y los grupos con sus miembros y con otras agrupaciones. El caos nos demuestra que cuando diversos individuos se auto organizan, son capaces de crear formas sociales adaptables a las nuevas mutaciones pero suficientemente resistentes como para enfrentar con relativo éxito la Fase Entrópica inevitable en toda forma organizativa, hasta que deviene, inevitablemente, en un nuevo caos que reproduce el modelo explicado en la Ley del Vórtice.

Un ejemplo de la naturaleza arroja luces de entendimiento: la selva tropical es un delicado ejemplo de cooperación y coevolución. Al igual que la selva, el proceso de activar un  nuevo paradigma político-social, parte de una dinámica creativa y en constante desarrollo, y por lo tanto, proclive a cambios permanentes. De ahí que el efecto reduccionista de luchar por instaurar paradigmas, por promover nuevas inter relaciones sociales, puede ser sustituido por el de un fluir informativo-persuasivo, suave y armonioso con la corriente de la vida social, sin provocar resistencias, sino procurando ese ‘momentum’ político de bifurcación que nos permita la creación de nuevas estructuras de funcionamiento individual y colectivo.

La coevolución,  como característica inmanente de la tercera Ley del Caos,  es un concepto que se refiere a la maravillosa posibilidad que tienen los sistemas de evolucionar conjuntamente, de cooperar en vez de competir. En los sistemas caóticos fluyen las interconexiones, una coevolución en la que se mantiene una actividad caótica constante  y esto permite su auto organización y el buen funcionamiento. Cada sistema social tiene atractores extraños que le permiten su funcionamiento. Uno básico es la diversidad, que se necesita en todo sistema para ser fuerte y creativo. Otro tiene que ver con las organizaciones sociales; éstas  deben  ser sistemas no alienantes, en las que no se impongan ideologías; que no sofoquen la creatividad. Y finalmente otro atarctor extraño tiene que ver con el diálogo, que no debe confundirse con intercambio informativo ni con discusión. Para construir un nuevo paradigma político-social, el diálogo se concibe como un proceso abierto, permanente y creativo para negociar, escuchar y decidir.

 

5º.-La Ley de lo Simple y lo Complejo

Una aproximación explicativa hacia la simplicidad de los complejos sociales.

 

Esta es la cuarta Ley del Caos y se refiere a la coexistencia de lo simple y lo complejo y su relatividad. Uno es reflejo del otro y son inseparables.  Algo que se originó de manera simple puede alcanzar niveles de complejidad importantes y viceversa. Un ejemplo de esta ley son los fractales cuyas imágenes son muy complejas, pero se desarrollan de manera muy simple. Otro ejemplo es la sociedad, que es una forma relativamente simple que emerge de los sueños, deseos y contribuciones complejas de sus miembros, en ella alternan la simplicidad y la complejidad de manera intermitente.  Un ejemplo de intermitencia es un carnaval que rompe con la cotidianidad y el orden de una sociedad. El caos del carnaval permite su propia renovación para conservar la cohesión social.

La Cuarta Ley del Caos nos revela que aquello que en la sociedad pueda parecer muy complicado, como en el caso venezolano la definición del por qué hay un 30% de indecisos de manera consistente en todas las consultas electorales,  puede tener un origen muy sencillo... Muy sencillo de definir, aunque bastante complejo de implementar.  Mientras que la sencillez superficial puede ocultar algo sorprendentemente complejo, la Cuarta Ley de la Teoría del Caos sugiere que es posible descubrir una salida si aceptamos la danza dinámica del caos entre la simplicidad y la complejidad.

La teoría del caos aplicada a los constructos sociales plantea que cuando algo en la sociedad se muestra difícil y complejo, un orden simple parece estar a la vuelta de la esquina. Y cuando los problemas sociales nos parecen simples, es cuando se deben descubrir los matices sutiles con los que se oculta la complejidad del asunto. Pero esta teorización del caos parte de que la complejidad y la simplicidad no están presentes de modo inherente en los propios objetos, sino en el modo en que las cosas interactúan entre sí y de los conglomerados con ellas. Cualquier fenómeno social puede ser simple y complejo al mismo tiempo pues el movimiento regular y caótico coexisten en la naturaleza misma de la sociedad, ya que sin la infinita complejidad del caos no existiría el orden simple.

 

Un concepto importante para esta ley es  El Principio de la Intermitencia, el cual concibe las irrupciones del caos dentro de un orden regular , como por ejemplo el carnaval de Brasil, o la algarabía de los graduados que irrumpe en el augusto ambiente de una Universidad. Pero el Principio de la Intermitencia también se manifiesta como los estallidos de orden en medio del caos, como los ejemplos de estabilización de la población en medio de un desarrollo caótico, tal como sucedió en el Litoral Central de Venezuela, instantes después de la tristemente famosa ‘Vaguada de 1999, que cambió no sólo la vida de miles de personas, sino hasta la geografía del Litoral Costero.

 

El azar y la aleatoriedad significan complejidad infinita. Según la Teoría del Caos, la complejidad o la simplicidad no están presentes en los objetos mismos, sino en el modo en que éstos interactúan entre sí y con el observador, con lo cual la teoría apunta más allá de la simplicidad y la complejidad, más allá de la objetividad y la subjetividad, trascendiendo de esta manera estas dualidades.

 

La activación de la Ley de lo Simple y lo Complejo como soporte para un nuevo episteme político-social en Venezuela se enfrenta con un problema serio: Al venezolano lo cautiva la simplificación y esto conduce a la creación ficticia de estereotipos que categorizan a las  personas, a las organizaciones, a la sociedad toda, e inevitablemente cae en la dicotomía de lo bueno y lo malo,  en las pautas y en los modelos preconcebidos.  Para provocar un cambio con base a esta Ley del Caos hay que romper con el paradigma vigente aplicando el arte de la simplicidad y la paradoja de la complejidad.

La complejidad y la casualidad son las puertas del orden social.   Cuando estamos frente a sistemas sociales muy complejos  y su complejidad nos parece infinita, termina semejante a un sistema casual y aleatorio.  Pero la casualidad no es novedad, es una herramienta altamente productiva utilizada por personas que en la sociedad desarrollan ideas novedosas, propuestas bizarras, que actúan como detonantes de nuevas creaciones sociales. Cuando en los conglomerados sociales todo parece complicarse, “aparece”, “irrumpe” el orden de lo simple; también sucede a contra corriente  Esto acontece regularmente porque las cualidades no están en los objetos o las situaciones, están en las interacciones que hay entre ellas y de nosotros con ellas.

Anteriormente se mencionó este fenómeno bajo la figura de la explosión social de El Caracazo cuando un conglomerado humano pasó con sorprendente rapidez del orden preestablecido a un modo de actuar bizarro. Esta conducta social sólo tiene analogía en las propiedades emergentes, propiedades del sistema cuya existencia no se puede predecir o que no es aparente mediante la observación de los componentes del sistema. Es un ejemplo evidente de la intermitencia, ya que se trata del estallido del caos en medio del orden regular.

 

 

6º.-La Ley de los Fractales y la Razón

El caos social genera formas... ¡Y deja huellas.!

 

 

La palabra fractal fue utilizada por primera vez por el matemático Benoît Mandelbrot (Braña, 2002) y se entiende como “auto semejanza a muchas escalas diferentes”. Fractales son formas caóticas que poseen la característica de que las “partes” de la forma repiten la forma a diferentes escalas, son “formas irregulares o secuencias numéricas que se repiten a sí mismas en diversas escalas (árbol / rama / tallo)” (Brady, citado en Ferrer, s/f). Briggs & Peat (1999) los llaman “la geometría de las formas irregulares y los sistemas caóticos”(p.105). Los fractales presuponen diferencias individuales y la singularidad así como las similitudes. Como la auto semejanza fractal entre el microcosmos y el macrocosmos sugiere que a partir de una pequeña parte se puede ampliar y reproducir algo que se parece al total, “la geometría fractal permite estudiar los hechos caóticos de manera rigurosa” (Bolaños, 1998-2000).

La quinta Ley del Caos, la Ley de los Fractales y la Razón, hace referencia a las huellas, las pistas, las marcas y las formas realizadas por la acción de sistemas dinámicos caóticos. El caos genera formas y deja huellas que poseen lo que los científicos denominan “auto semejanza a muchas escalas diferentes”. Estos ‘fractales’ nos permiten relacionarnos desde lo matemático, lo caótico y lo estético, con las formas no lineales, con formas como la orilla de un acantilado, la copa de un árbol...¡El movimiento de una turba de gentes!,  para calcular su dimensión fractal , que es la medida aproximada de su complejidad, y apreciar el misterioso e impredecible movimiento que lo ha creado y lo mantiene cohesionado.

El término auto semejante incluye la idea de la existencia, tanto de las diferencias individuales y la singularidad, así como también de las similitudes. Como ya hemos dicho, hay un amplio abanico de auto semejanza fractales que se da  tanto en las formas de la naturaleza como en la conciencia humana y en la sociedad. En algunas formas fractales, particularmente aquellas generadas por las pantallas de los monitores de las computadoras mediante fórmulas matemáticas, la auto semejanza tiene algo de mecánica. En los fractales de la naturaleza y del arte, lo que es auto semejante se halla mezclado con lo que es diferente, de forma tal que constituye un desafío a la descripción.

 

Al apreciar la diversidad social, nos conectamos más, nos interrelacionamos de una manera más enriquecedora y oportuna, porque al respetar con sutileza las particularidades individuales llegamos a las auto semejanzas sociales. Aprender a convivir con personas que se parecen o que piensan igual que nosotros es una tarea relativamente fácil; el gran reto es convivir con aquellas personas que no se parecen, ni comparten nuestra cosmogonía, ni nuestros pensamientos. Hacerlo es un interesante proceso de aprendizaje en el que podemos descubrir no sólo las distintas ‘huellas sociales’, sino el camino hacia donde se dirigen.

 

Ese es el reto para quienes se autocalifican de líderes sociales: Desmontar la actual ecuación iterativa inversa, a partir de la cual los actuales conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo. Pero ‘ver la huella’ no necesariamente significa ‘conocer el camino’. La naturaleza construye sus fractales a partir de la materia y la energía, mientras que la materia de los fractales sociales incluye también la conciencia humana, a través de las categorías de percepción y de lenguaje.

 

7º.-La Ley de los Rizos Temporales
La percepción relativa del espacio-tiempo en los nuevos constructos sociales.

 

Esta sexta Ley del Caos se refiere a la dificultad de utilizar adecuadamente el tiempo en el mundo “moderno”.  Se cuestiona la desaparición de sus cualidades e invita a reconectarnos con él, a vivir el tiempo de manera creativa y no con el tic-tac del reloj.  Para lograrlo tenemos de dejar atrás la creencia de que el tiempo es una línea recta y reconocerla como una línea fractal, con giros, curvas y arabescos.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que el señor Chávez juró la Presidencia de Venezuela con su mano sobre ‘la moribunda’ Constitución de la Cuarta República? Cronológicamente, diez años. Fractalmente, eso depende. Si le preguntásemos a un correligionario del señor Presidente, contestaría que apenas ‘fue ayer’ que se inició ‘la revolución’. Si le preguntamos a un opositor, en especial a cualquiera de los 20.000 expulsados de PDVSA en el año 2003, respondería que esos diez años son ‘toda una eternidad’, pero que aún se sienten ‘gente del petróleo’.

Los relojes biológicos y operativos de muchos de ellos han quedado anclados en el espacio-tiempo que desarrollaron mientras estuvieron en la industria petrolera venezolana. Conozco casos de ex-trabajadores que viven en Maracaibo, pero que luego de seis años fuera de la industria se sorprenden ellos mismos conduciendo sus carros de madrugada por el Puente que une a Maracaibo con la zona petrolera, rumbo a los campos donde trabajaron por más de veinte o más años. ¿Se trata de patologías psicológicas producidas por el schock de su despido... o estamos en presencia de un reloj interno que marca un ritmo de ‘espacio-tiempo’ a contrapelo del tiempo nominal?

Cada elemento del universo, desde el más pequeño hasta el mismo cosmos, lleva un reloj interior que mide y ‘significa’ su paso individual y cada sistema se auto organiza con base a ese tiempo. Esto lo logra contemplando y armonizando el tiempo de cada uno de los elementos que lo componen, por eso cada persona tiene múltiples sistemas y por lo tanto múltiples relojes internos.

Es necesario dejar atrás la creencia de que únicamente es real el tiempo exterior porque esto es una amenaza para nuestra auto organización fractal interna. Para desarrollar nuevos constructos sociales hay que pactar de nuevo con nuestros relojes internos, vivir cada experiencia, estar presente,  sin prisa. Esto permite renovar sin traumas el epitelio social, descubrir nuevos ritmos colectivos, permitir que fluya la creatividad propositiva de los ciudadanos.  En cualquier acto creativo, individual o grupal, el tiempo trasciende lo lineal, lo externo y se convierte en un tiempo de dimensiones fractales.

Pero el tiempo, al igual que los fractales, son auto semejante porque el tiempo se curva, se vierte, se separa, fluye. Basta con escuchar una dulce melodía para perder la sensación del tiempo transcurrido... Basta con evocar el tiempo transcurrido en un sueño –o en una pesadilla- y saber que ese ‘espacio-tiempo’ es irreal y que apenas le tomó unos segundos al cerebro para recrearlo.

De acuerdo con la Ley de los Rizos Temporales de la Ley del Caos, el tiempo no es más que una energía del universo que fluye ‘subjetivamente’ porque además de una nueva dimensión del espacio fractal existe una nueva dimensión del tiempo fractal, en el cual se puede experimentar vivencias del tiempo muy distintas de la medida por el reloj. A propósito, Bolaños (1998 - 2000: www) señala que la relación con el tiempo no está vinculada a su medición, lo que importa es “como sentimos y no como medimos esta relación”. De esta manera, la línea recta del tiempo se reemplaza por una figura inacabable de dimensión fractal. Tiempo fractal es tiempo multidimensional, como en el que entramos cuando estamos en momentos de crisis: en la auto organización, los relojes internos de los sistemas más pequeños se acompasan, y en cuanto sistema conectado con su entorno, el tiempo se enriquece y se llena de dimensiones.

 

El tiempo fractal también es auto semejanza, por lo cual se puede decir que cada etapa del desarrollo de un conglomerado cualquiera es un microcosmos fractal de toda su existencia social. Tratamos aquí con un concepto de vital importancia: El tiempo característico, definido por Ekeland (2001) como “el tiempo al final del cual una pequeña perturbación se multiplica por diez” (p.30), en otras palabras, se vuelve perceptible. Así, por ejemplo, se calculó el tiempo característico para el sistema solar y el resultado fue 10 millones de años. Eso significa que un cambio sutil e imperceptible en la vida de nuestro sistema solar se convierte en un cambio evidente sólo después de haber pasado 10 millones de años. Nadie ha calculado el tiempo característico para una sociedad pero se puede afirmar con toda seguridad que éste sería mayor que la duración promedio de la vida humana, por lo cual los cambios sociales que están ocurriendo pasan por desapercibidos hasta que transcurra un determinado lapso.

Mientras creamos que el tiempo es una línea recta, como la hipotética trayectoria del dardo del Titán Cronos lanzado desde el pasado hacia el futuro, es difícil relatar muchas de nuestras experiencias temporales interiores. Usualmente las menospreciamos como delirios, segregaciones, rarezas de la memoria y la percepción. En cualquier caso sin relación alguna con la naturaleza física y esencial del tiempo.

La Teoría del Caos reemplaza la hipotética línea de Cronos con una compleja e inacabable figura de dimensión fractal. A cualquier escala de aumento, los fractales revelan nuevos modelos y complejidades, por ello la sexta Ley de la Teoría del Caos sostiene que no hay líneas simples en la naturaleza. Lo que a cierta distancia podemos considerar lineal, si es observado  más cerca o de manera tangencial, revela giros y curvas insospechados al principio.  Quizás sea por ello que en momentos de crisis solemos desconectarnos temporalmente del tiempo del reloj, para entrar en un ‘tiempo fractal’, en el que cronología y el espacio se ‘tuercen’ en una espiral que nos parece infinita, o se detiene y nos parece que todo a nuestro alrededor se ha ralentizado y percibimos al mundo exterior como en cámara lenta, sin profundidad de foco y con desconcertantes sonidos ‘ululantes’. Al experimentar sus matices temporales es cuando nos adentramos en el espacio-tiempo fractal.

Cuando un grupo social entra en una dimensión fractal, la experiencia grupal se enriquece y se expande dentro del tiempo lineal; los grupos exploran los matices del tiempo y los individuos actúan en consecuencia con el ritmo interno del grupo.  Por eso la primera responsabilidad del ‘líder nuevo’ consiste en romper con la línea del tiempo, porque visto así, el tiempo social termina pareciéndose a un viaje entre dos estaciones, en el que se pierde la posibilidad de disfrutar cada minuto del viaje, porque solo esperamos llegar lo antes posible... Alcanzar una meta, lograr un objetivo son los puntos finales de ese viaje social.

La perspectiva fractal, sin embargo, nos permite formular una pregunta distinta: ¿Qué tiempo tiene significado relevante para una comunidad? El ostracismo, la indiferencia y la ausencia del sentido de pertenencia social deja un tiempo vacío, pero la pasión por las metas colectivas y el entusiasmo por alcanzar objetivos mancomunados ‘fractaliza’ el tiempo,  lo enriquece y lo retorna al colectivo brillante y polifacético. Quizás por ello surge el Principio del Tiempo Social Relativo: Los grupos sociales, los colectivos no necesitan más tiempo, sino un tiempo pleno y comprometido con los objetivos político-sociales y las actividades en ellos involucradas.

El tiempo por lo tanto es relativo y depende de las experiencias particulares de cada quien. La conciencia del tiempo es diferente para cada persona; lo interesante es ver el tiempo como ese espacio para la creación, el disfrute, el compartir y la integración de todos con el todo. El tiempo del que realmente necesitamos es el tiempo fractal del que ya disponemos.

 

8º.-La Ley de la Corriente de una Nueva Percepción

El reto de la percepción holística.

 

Esta séptima Ley del Caos reconoce que cada partícula del universo tiene su propia historia, trabaja a partir de ella y tiene una evolución autónoma, sin embargo, de manera mágica todo se unifica para formar una entidad global interdependiente.  Quienes habitamos este país lo hemos fraccionado marcando fronteras geográficas y sociales, arrasando con las identidades locales, agotando el discurso de las minorías, exterminado la memoria histórica y cultural.  Es necesario un sutil cambio que nos regrese a la percepción real de la sociedad venezolana como algo orgánico, completo, holístico. Un retorno  al mundo social al que instintivamente pertenecemos como un elemento más, en armonía con el resto de las sociedades. En la caótica armonía auto organizada que permite el desarrollo un sistema dentro de otro sistema.

Los procesos de la sociedad son indivisibles y constituyen un holismo que hay que mantenerlo y alimentarlo para que no se “rompa”.  El mundo no es una máquina, las sociedades no funcionan mecánicamente, ni las personas tampoco. Todos somos una unidad caótica auto organizada. La séptima, es la ley de la corriente de una nueva percepción: volver a unirse con el todo. Nos conecta con la imagen de nuestro país en el mundo. Nos ofrece una perspectiva  y una concepción asociada a un mundo interconectado, un mundo orgánico, de una pieza sin costuras, fluido. La totalidad es el tema central de las revelaciones místicas acerca del mundo, pues para muchos pueblos, la totalidad es el camino de la vida diaria.

Este cambio se refleja también en la conciencia social. Entendemos que la conciencia social es la esencia de individualidad de las estructuras sociales. La Teoría del Caos nos muestra que siempre somos parte del problema. Los problemas sociales que nos afectan, se originan de situaciones particulares, que luego se transforman en un todo. Peat y Briggs señalan que ...”debajo de nuestros sentimientos de aislamiento y soledad como individuos separados de los demás, vibra un sentimiento de pertenencia y de interconexión con todo el mundo.”

Experimentar la solidaridad tiene que ver con el hecho de liberarnos a nosotros mismos del hábito crónico de pensar que somos meros fragmentos inconexos. Tiene que ver con la necesidad de experimentar que el observador siempre es parte de lo que observa. También tiene relación con abandonar esa obsesión por el control y la predicción, y sustituirla por una sensibilidad hacia el cambio y lo emergente. Finalmente, tiene que ver con la utilización de la influencia sutil para convertirnos en participantes de la sociedad en la que vivimos, antes que en sus gerentes. Estas hermosas palabras de Briggs y Peat sirven para replantear la interconexión del ser humano con el todo, para retomar los pensamientos de la creación y la visión de co-creadores junto con Dios, y cuidar de nosotros y del planeta.

 

 (*) Comumicólogo.

Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.

Profesor de Mercadeo Electoral

Escritor

 

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